A N E C D O T A S

....Hace muchos años, cuando no tenía GPS, nos orientábamos con la brújula.  Yendo solamente acompañado por mi esposa,  pasado Talioliune,, tomamos una pista con la idea de llegar a Igherm. Justo en el inicio de la pista (que hoy es carretera asfaltada), estaba un muchacho que nos pidió que le lleváramos. Como la conversación era imposible, le hice entender que nos indicará con la mano el camino a su destino. Como es de esperar, cruce tras cruce nos fue llevando por las montañas. Como algo muy curioso, pasamos por un pequeño poblado, donde las casas tenían sus puertas  cerradas por un candado y no había nadie a la vista, absolutamente nadie. No pudimos saber el por qué de esa anomalía, cuando lo habitual, para empezar es que aparezcan los niños.  Pasamos esa aldea y después de numerosos cruces llegamos a su destino.  Nosotros, no teníamos la mas remota idea de dónde estábamos. Los del poblado nos hicieron señales de que la pista acababa ahí, y debíamos retroceder. Sin embargo por encima del poblado me pareció ver la señal de una pista que ascendía por la montaña y decidimos seguirla a pesar de que nos advertían de modo ostentoso de que no era posible. Decidimos hacer caso omiso y atravesando el pueblo vimos que era una antigua pista de carretas, abandonada por la erosión de los elementos, de todos modos pudimos sortear los obstáculos, las torrenteras, los matojos que crecían en medio del camino y ascendimos lentamente.

Al cabo de unos 12 km llegamos a una pista ancha y que se veía muy transitada. Miramos la brújula, consultamos el mapa y giramos a la izquierda. A unos 26 km, llegamos a un cruce en medio de una explanada entre las montañas. Allí estaba un hombre mayor, de edad indefinible. Por medio de señas, entendimos que el camino de la derecha nos llevaría a Tata y distaba unos 100 km y el otro a un población  cuyo nombre no pude localizar en el mapa. Y claro está,  Igherm estaba en la dirección en que veníamos, o sea en el cruce anterior debíamos haber girado a la derecha. Le dimos las gracias al  hombre y me disponía a devolverme, cuando me hizo señas de que parara. El se devolvió a buscar algo en el bulto que tenía a su lado y volvió trayendo un enorme pan, señalando el sol y al estómago(faltaría una hora para anochecer), imaginando que tendríamos hambre y nos pillaría la noche en la pista..........con una gran sonrisa en sus labios resecos por el sol.  Y a nosotros ni se nos ocurrió pensar en sus necesidades, con nuestro vehículo con alimentos.....

Sobran las palabras, nos despedimos del anciano y seguimos rumbo a Igherm .

Nos pilló la noche. Con esa manía mía de seguir un poco más y apurar el tiempo pasamos ya de noche cerrada por un caserío completamente a oscuras, cuando por el retrovisor ví la luz de una linterna me detuve. Llegó un hombre, y le pregunté si íbamos bien a Igherm, nos dijo que si (después de un buen rato de señas y mas señas, pues hablaba tamezigh), nos despedimos y seguimos cuando observé que había un rellano a la derecha ideal para instalar la tienda. Dicho y casi hecho...pues empezó a diluviar. Nos refugiamos en el coche (Un terrano corto) y cuando fuí a subir los cristales.....sorpresa, no había batería....

Tapamos las ventanas con plásticos, y metidos en las bolsas de dormir pasamos la noche como momias dentro del coche, y por cena los batidos de chocolate. Llovió hasta el amanecer, las rachas de viento y agua nos despertaban de vez en cuando.  Nos desperezamos, nos lavamos y lo primero que hice fue sacar la mesa y sillas plegables para el desayuno. El café recién hecho olía a gloria bendita. Desde la silla veía al Terrano con desconcierto, pensando qué podría haber pasado para haberme quedado sin batería. Con un trozo de tarta y el café humeando nos reconfortábamos. Nosotros habíamos parado el coche  en un recodo arenoso de una torrentera que ahora llevaba un poco de agua, en medio de dos cadenas montañosas,  (vino a mi mente la visión espantosa de una riada).  Mirando al oeste (donde en teoría estaba Igherm) observé que se acercaba un burro cargado, llevado por un hombre. Se detuvo a una conveniente distancia. Le hice señas para que viniera. Le invitamos a café y tarta, lo que aceptó con agrado. Y al fin le pregunté, si pasaban vehículos por allí. Me dijo que pasaba un camión llevando pasajeros y suministros una vez por semana y que hoy era ese día, añadió, no tardará en venir. (toda la comunicación por señas y signos dibujados en la arena). Mi esposa y yo soltamos al mismo tiempo un suspiro de alivio.

Corrí al terrano, abrí el capó y me encontré la batería volcada y sin líquido en su interior y una de sus esquinas rozando las aspas del ventilador y arañando el radiador. Lo que había pasado era que con los saltos del coche, la uña que sujetaba la batería había cedido. Como pude, amarré la batería en su sitio, martilleando la uña de sujección en su lugar con enorme dificultad. Saque los cables y la eslinga y esperé la llegada del camión.

ingherm pista

lugar donde pasamos la noche.

No tardó en venir, un camión mitsubishi, que venía de Igherm, lleno de fardos y de pasajeros que nos miraron con interés. El buen hombre dejó los bultos que traía, a cambio se llevó azúcar, sal y otros suministros y ayudó a explicar al conductor que no teníamos batería.

Los pasajeros del camión se bajaron y empujaron al terrano al lado del camión...puse los cables y.....nada....y nada...mi motor ni se enteraba. El conductor tenía prisa, pero le pedí que tirara del terrano con una eslinga, a lo que accedió, pero me señaló que solo por unos 100 metros, ya que la pista subía una pendiente.

Y.... el motor del terrano volvió a ronronear como un gatito. Gratifique al conductor (que no esperaba nada a cambio) con 50 dh, y su gesto adusto por el retraso que le había causado cambió a una maravillosa sonrisa.  Nos despedimos de todos, dándoles las gracias por su amabilidad y seguimos nuestro camino......esperando que no se calara el motor.

A escasos kilómetros me detuve para asegurarme que había sujetado bien la batería, cuando ví asomar por mi derecha unas botas acompañada de una voz que me preguntaba en inglés si tenía problemas. Me enderecé y vi a un hombre europeo en sus cuarenta. Le expliqué  lo que había pasado y le pedí el favor de seguir con él hasta Tafraoute, que era su destino. Solo se me caló el terrano una vez.

El conducía un Land-Rover y le acompañaba su esposa y sus hijos, no llevaba herramientas, ni gasoil extra.

Nos despedimos de la familia belga, al anochecer, en Tafraout y decidimos seguir hasta Tiznit, donde esperaba encontrar una batería. Llegamos ya de noche a una gran gasolinera a la entrada de la ciudad, en el momento en que el dueño se iba con las llaves del almacén a su casa. El empleado salió tras él llamándole a gritos, afortunadamente le oyó y volvió.

Compré una potente batería de camión, la única que había y que cabía en el receptáculo. La amarré como pude y nos dispusimos a pernoctar en el Hotel París, donde afortunadamente había habitación doble con ducha.

Al día siguiente nos fuímos al Aioium.

Pasamos un puente bajo, de esos que están diseñados para que las riadas pasen por encima y la limpieza de piedras se hace después con facilidad. Al final había un stop. A cada lado dos colinas arenosas que hacía imposible ver lo que había detrás. En vista de que no aparecía ningún guarda, avancé y al cabo de unos metros oí una voz....era el guardia de ese retén. Me hice a un lado de la carretera y le esperé. El hombre vino, me pidió el carnet de conducir, y una vez cumplidas las formalidades,  con una gran sonrisa nos invitó al té en cuando acabara su turno y nos invitó a quedarnos en su casa, estaba feliz, pues esperaba el nacimiento de su primer hijo.  Hablamos un buen rato y nos despedimos de ese guardia tan amable. Hablaba muy bien el español.

En el control de policía antes de entrar en la ciudad, nos hicieron el padrón. Les pregunté si podía hacer libremente fotos. El oficial de uniforme dijo que sí, y un hombre con chaqueta de cuero y de civil se enfadó y dijo que no.

En el Aioum cenamos en un excelente restaurante francés, con música clásica de fondo y degustamos un excelente pescado. Pasamos la noche del 31 de diciembre en un hotel del Aioum, a nuestro  modo cantamos las campanadas y nos comimos las uvas.

La tele solo mostraba 3 programas regionales y no había modo de sintonizar ningún otro canal, como es lo normal en la mayoría de las televisiones de los hoteles en esas regiones de Marruecos. Nuestra habitación en el 5 piso y el ascensor no funcionaba.

Nos sorprendió la ciudad, moderna, buenos edificios, pero el día amaneció gris y lloviznaba. Decidimos regresar. A medio camino, una emisora de Canarias  empezó a emitir el concierto de año nuevo. Las nubes se habían ido y la mañana era esplendorosa, salí de la carretera, me fuí cerca de la playa. Abrí las puertas de par en par y puse la radio a todo volumen. Nos bailamos el Danubio azul como nunca. Una mañana inolvidable.

Al regresar a casa, el mecánico fijó la batería como debe estar una batería de un todo terreno.

La alegría, el placer de viajar, se lo debo a mi maravillosa esposa Esther, que nunca puso mala cara ante los contratiempos y estaba ahí, la primera en ayudar en lo que fuese necesario.

 

Salimos de Fort Bou Jeriff rumbo a la playa para ir a Playa Blanca. El camino muy abrupto y pedregoso fué reptando entra las colinas. Llegamos a una quebrada que no llevaba agua y al final de la misma se veía lo que parecía una cala. Me salí del camino y arriesgando los neumáticos, lentamente llegué a la playa por la torrentera. Encontramos una cala espaciosa, formada por una hermosa playa bordeada por colinas.

Estábamos pensando en darnos un chapuzón y empezamos a desvestirnos, cuando del acantilado sur se desprendió una sombra que venía hacia nosotros. La sombra se convirtió en un pescador cuya edad fué imposible de calcular. Chapurreaba el español y nos invitó a una taza de té.

playa fort bou jeriff

Refugio

Me llevé un par de botellas de agua del coche y nos fuimos a un refugio hecho por él mismo, en una de las paredes de acceso a la playa. Estaba construido usando un recodo natural de las rocas, siendo las paredes exteriores y que daban al océano las que él había añadido. El techo estaba hecho con troncos de árboles cruzados, hojas de palmera entrelazadas, y piedras planas. Rápidamente enrolló la alfombra donde dormía y los almohadones se convirtieron en asientos. En un extremo de la habitación había una estufa de gas prehistórica. En la típica tetera marroquí puso agua a hervir con un montón de té verde. El retrato del rey estaba en el mejor lugar de la habitacion.

Nos preguntó si queríamos té bereber ó saharaui, le dijimos que saharahui, al mismo tiempo que sobre una mesa redonda dispuso de 3 juegos de 3 vasos, y otros dos que puso a un lado.

Después de hervir la infusión unos minutos, alzó la tetera y vertió el líquido en uno de los vasos que puso aparte (para desechar), era un líquido verdoso y oscuro. Añadió más agua a la tetera y la puso a hervir. Repitió la operación 3 veces, y la última vez hizo un gesto aprobatorio cuando el líquido que salía era de color oro, el cual devolvió a la tetera. A continuación añadió unos enormes terrones de azúcar añadiendo un poco de agua y lo puso a hervir de nuevo. Se excusó por no tener hierbabuena.

Dejó reposar la tetera unos minutos y sirvió la primera ronda. Para no quemarnos cogimos los vasos entre el pulgar el el índice. Bebimos 3 rondas según la costumbre. Es el té más delicioso que he probado y desde entonces así lo hago en casa.

El buen hombre sirvió como soldado en las tropas españolas cuando la zona del Rif estaba  bajo el protectorado español, recordó esos tiempos y pasamos un buen rato. Ya  tarde seguimos el camino bordeando la costa para ir a playa Blanca. El retorno a Fort Bou Jeriff lo hicimos ya de noche, por una pista que va entre las colinas.

 

En otra ocasión volvimos de Tan Tan entre las colinas, no por la playa, cruzando muchos "oueds". Como la mayoría llevaban agua, aprendimos a cruzarlos yendo curso arriba hasta un vado aceptable y descendiendo de nuevo, pues al ir solos, eso de enterrarnos en barro no era nada deseable. Al final no tuve más remedio que atravesar un pequeño afluente, pues no era posible remontarlo. Se cruzó sin problemas con la reductora. Llegamos a Playa blanca por el sur, donde cogimos la pista que va por la playa, anochecía y empezaba a llover.  Localizamos la pista que va por las colinas a Guelmín, muy rota y embarrada en algunos tramos. Se acercaba una furgoneta  lentamente. Pronto llegué a su altura y me detuve para avisarle que la pista a Playa blanca estaba muy mal y que mejor era que buscaran refugio en el camping de Fort Bou Jeriff, que era nuestro destino. El conductor era un alemán que no pasaba de los 19 años, hablamos en inglés y me asombré cuando observé que le acompañaba su esposa de unos 18 que amamantaba a su hijo de pecho. Sonriendo me dijo que no tenía problemas y que llevaba lo necesario en su furgoneta y que además no tenía prisa.......

 

Teniendo como techo una gran tormenta, conducía por la autovía rumbo a Meknes. Cuando pasamos por Kenitra, vimos a un soldado haciendo auto-stop, guarecido bajo un puente. Una vez dentro, su rostro se iluminó con una gran sonrisa y nos dijo que le habíamos recogido en ese mismo lugar hacía 4 años y que le habíamos ofrecido caramelos. Lo que era cierto, recordamos pequeños detalles del encuentro anterior, le dejamos en Rabat, pues llovía mucho.

 

Las 7 de la mañana y ya estábamos en carretera. Salimos de Merzouga por Rissani, usando  la carretera que va a Tazzarine. Al cabo de unos 15 km vimos mucha gente caminando en la dirección en que íbamos. Un hombre nos indicó que nos detuviéramos.  Nos preguntó si podíamos llevarle junto con su esposa y dos hijos...en ese entonces llevaba el terrano corto y el asiento trasero esta ocupado con bártulos, rueda de repuesto, etc, así que le dije que no podía ser, mostrándoles que no había espacio. No se arredró y dijo que por lo menos hiciéramos un hueco a los niños. Asi lo hicimos. Sin poder comunicarme con los niños avancé atravesando 2 aldeas y en la tercera el niño dijo "-jhdiuhlrlurhehroydry!!!!!!"  que por supuesto quería decir que había llegado a su destino. Se bajaron, dieron las gracias (chucrán, eso lo entendí) y se alejaron.  Asombroso.

 

Después de cruzar el Iriki, llegamos a la carretera que va de Foum Zguig a Tata, ya al atardecer y con el sol de frente. Nadie a la vista. Solo la brisa que arrastraba el fino polvo rojizo de la arena, dibujando remolinos en el asfalto.

De pronto vimos a lo lejos un camión detenido (de esos que transportan inmensos fardos y pasajeros) y la gente caminando a su alrededor. Al aproximarnos vimos a una mujer que rezaba sobre una alfombrilla. Rezar no sería extraño, lo que era raro era que rezaba delante del camión.  Nadie estaba accidentado, la gente tranquilamente esperaba a que la buena señora acabara de hacer sus rezos para proseguir el viaje.

 

Ramadán. Llegamos a Guelmín y decidí reparar un neumático que llevaba pinchado en un taller que veía a la izq. Después de unos minutos, me dice mi esposa que sería prudente ir buscando un servicio. Así que le dije a Rachid, el empleado del taller,  que me recomendara un buen lugar para tal efecto en la ciudad. Me contestó que cerraba en 5 minutos, era mediodía y que nos llevaría a casa de su cuñada. Dicho y hecho. En esta ocasión nos acompañaban dos buenas amigas que conducían un Freelander.

Llegamos a su casa, nos presentó a su cuñada y nos mostró el baño. En esos lugares el espacio se aprovecha y el inodoro es del tipo de los piececitos, y en su parte superior está instalada la ducha. Todo en uno.

Después de quitarnos los zapatos nos sentamos en una alfombra, pues nos invitó a una taza de té.  Al cabo de unos minutos y ya satisfechas nuestras necesidades, nos dispusimos a partir.

Nos hizo entender que deberíamos esperar unos minutos...en pleno ramadán, su cuñada nos trae una bandeja de cobre reluciente llena de manjares, tortitas, huevos fritos, pasteles, coca cola.....

 

Ramadán. Llegamos temprano a Arcila, tratando de buscar una tienda abierta para comprar pan y hacer más tarde nuestro desayuno. Todas las tiendas estaban cerradas.  Le preguntamos a un señor dónde podíamos encontrar pan, nos miró con curiosidad y amablemente nos dijo que estábamos en el mes de ramadán, pero que esperáramos ahí unos minutos. Al cabo de un rato apareció con una bolsa y 3 tortas de pan. Agradecidos le quisimos pagar, lo cual rechazó categóricamente, siempre con una sonrisa, nos deseó un buen desayuno y un buen viaje.

A veces se pasan tremendos sustos. Llegamos en mi flamante Toyota Lan Cruiser al camping de Tazzarine.  Estaba a tope. En ese momento  llegaba una caravana de 4x4. Como conocía al dueño, me hizo un lugar al lado de una palmera, inmediatamente pasada la puerta. Iba con una pareja de amigos que instalaron su tienda al lado del coche. Mi esposa y yo dormíamos dentro del coche.

A eso de las 4 de la mañana me despiertan unos golpes tremendos dados a mi coche. Despierten, fuego!!!!!  Salimos raudos del coche en pijama y vimos que la palmera que estaba a unos 3 metros ardía como una gigantesca antorcha.  La tienda de mis amigos fue vaciada y lanzada por encima de mi coche, el cual arrinconamos lo mejor que pudimos  lejos del fuego....unos metros más lejos, pues no había físicamente espacio. Todo el personal comenzó a sacar los extintores de los coches, que eran totalmente ineficaces, al fin llegó una manguera que apenas podía mojar la parte inferior de la palmera. Al mismo tiempo, volaban de mano en mano unas 6 bombonas de butano que se almacenaban en un cobertizo bajo la dichosa palmera.

En frente del camping hay habilitado un espacio para aparcar unos 40 4x4 en batería. Entre los dos lugares discurre la calle y paralela a la misma hay una acequia de irrigación de unos 2 metros de profundidad  por un metro de ancho.

Al ver el fuego, los que dormían en frente corrieron a ayudar y a quitar vehículos de la proximidad del fuego, uno de ellos no vio la acequia y cayó quedando temporalmente inconsciente. El organizador del 4x4 llevaba una enfermera muy capacitada y un médico, que llegaron a la conclusión de que posiblemente  tenía una posible fractura de cráneo, pues un hilillo de sangre salía por u n oído.  La ambulancia de Tazzarine no podía movilizarse sin orden de alguna autoridad superior y se decidió llevarlo a Marrakech en un 4x4, donde se le diagnosticó una fractura de cráneo, desaconsejando su traslado a España. Lo único que sé después, es que se recuperó sin problemas.

 

Otra vez solos, decidimos hacer la ruta de Mecissi a Zagora. Una ruta divertida que discurre entre bajas colinas y llega a Oum Jrane.  En el coche iban con nosotros una pareja que venían a Marruecos por primera vez. Les pareció encantador ir a campo a través saliéndose de la pista habitual. 

A unos 8 km después de Oum Jrane, paramos para almorzar. Una brisa fría nos obligó a ponernos los abrigos y proteger la estufa de gas. Una vez con los estómagos agradecidos por el suculento almuerzo ( en esos lugares y en esos momentos, lo que se pone en el plato sabe a delicias celestiales), nos dispusimos a partir.

Giro la llave de arranque y el toyota permanece callado......nos miramos.....sin batería. Me quedo perplejo, pues hacía unas dos semanas que habían cambiado la batería original por una con más amperios, completamente nueva.

Abro el capó y mi esposa mira los bornes de la batería y exclama: el positivo está suelto!!

Lo que había ocurrido es que la abrazadera era más grande que el polo positivo de la nueva batería y aunque la abrazadera tenía el tornillo a tope no apretaba más  Afortunadamente, con unos alicates pude modificar la abrazadera, conecté, apreté......y el motor rugió alegremente de nuevo.

A unos 10 minutos del incidente nos cruzamos con dos coches españoles que venían en dirección contraria, los únicos que vimos ese día en la pista.

 

Uno de los sitios que más me gustan para cenar es el restaurante marroquí del Hotel La Mamunia en Marrakech. Hace muchos años, cuando era obligado entrar con corbata y el cuidado del cliente era más exquisito fui a cenar con mi esposa y su hermana.

Se acercó el maître y nos preguntó por las bebidas....le dije: una botella de agua y el mejor vino de sus bodegas........lo que hace el presumir. Mi esposa no delató en ningún momento su inquietud, pues ella si había visto el coste de las botellas de vino de importación.....

Contuve el aliento cuando vi regresar al maître mostrándome un "Presidente" gran reserva, un excelente vino  de Marruecos. Respiré aliviado, pues mientras venía el maître había ojeado la carta de vinos.......y los precios de los vinos franceses importados quitaban el hipo. Mi esposa me miró con un sonrisa de satisfacción. Solo comentó: es un buen jefe de restaurante.

 

Entramos en la pista que sale de la gasolinera Somepi en la P31 al oeste,   Latitud 32º 42,007  Longitud 4º 45,465. La pista  bastante rota nos llevó a Tounfite, la cruzamos y enfilamos el Atlas, pasamos por Tagoudite,  Bou-Terfine, Tamalout,   en Anefgou  recogimos a dos ancianos que nos pidieron que les lleváramos a su aldea, a lo que accedimos mi esposa y yo. Al irnos ya casi de noche, los chavales nos tiraron algunas piedras que no llegaron a producir ningún daño en el vehículo. Al cruzar la aldea de Tighadouine,  N 32º 13,693   W 5º 25,972, ya de noche, los niños nos rodearon pidiendo caramelos y bolis, no teníamos nada  y con un sonrisa avanzamos lentamente por la pista. De repenté estalló el cristal trasero en medio de una lluvia de piedras,  el maletero quedó adornado con una enorme piedra, que dada la distancia y el peso de la misma tuvo que ser lanzada por un joven que sabía muy bien lo que hacía. Los dos ancianos bereberes nos miraban con estupor y no podían creer lo que veían. Impotentes, seguimos adelante, dejamos a los ancianos en unas casas que había más adelante. Cabreado llegamos a Bouzmou y decidimos regresar. Sobre las 12 de la noche llegamos a Azrou, no teníamos reserva, el hotel estaba lleno, y el dueño del hotel al saber lo que nos había pasado, nos preparó provisionalmente la suite nupcial que estaba en obras. Abrió la cocina y nos sirvió una espléndida cena, lamentándose del percance que habíamos tenido. 

Marrakech, llegamos al anochecer, cansados y buscando el hotel Kenza. Preguntando nos perdimos pues nos mandaban de un lugar  a otro sin ton ni son. Me detuve en una avenida y me dirigí a un hombre que hablaba por el móvil al lado de su automóvil. Me dió su atención e interrumpió su conversación. Viendo que no conocía nada de Marrakech, me dijo que le siguiera. Mi buen amigo Juan, un joven intrépido donde los hay, se puso al volante. Lo seguimos sin perderlo, ya se lo pueden imaginar. El hombre nos llevó a la puerta misma del hotel distante de donde estábamos unos 15 minutos. Eso es amabilidad y cortesía marroquí.

Tirar piedras.
Las hemos sentido en nuestro vehículo al cruzar algunos poblados del Atlas, como Tighadouine, Imilchil, Ait-Hani, etc. Usualmente estos incidentes se producen al anochecer. Otro lugares son las aldeas ante de llegar a Tagounite por las pistas que llegan de Oum Jhrane.

Nunca he tenido problemas de esta índole al viajar de madrugada y rara vez durante el día. A este respecto, aconsejo nunca viajar de noche por pistas donde hay aldeas ó pequeños núcleos de población. Procurar no viajar por pistas los viernes sobre las 7 de la tarde, es su hora de oración. Desgraciadamente llevar caramelos y bolis para pagar peaje y evitar incidentes.

Cierre de puertas.
Al pasar por los poblados donde salen a su encuentro los niños, cerrar las puertas y bloquearlas desde dentro. Los niños las abren...y lo que se cae...desaparece al instante. Especialmente bloquear con llave la puerta trasera.

Pistas cerradas
Algunas veces en el Atlas, al seguir una pista bien calculada con puntos GPS ó con rutómetro, puedes encontrarla cortada con enormes piedras. Si sigues alguna lateral, puedes perderte ó encontrarse en alguna trampa de barro, etc.  Las piedras las colocan los adolescentes para fastidiar. El dilema es si las han puesto porque la pista está cortada por un derrumbe ó por hacerte una broma. En estos casos, aconsejo quitar las piedras, seguir y averigüarlo.  Los marroquies suelen poner piedras en las carreteras, pistas y caminos para señalar peligros. Siempre hay que tenerlo en cuenta.

Pedir consejo sobre el camino a seguir
Siempre a los adultos, nunca a los niños, pues algunos te aconsejan bien y otros no. Sigue el rutómetro, usa el GPS, pregunta a los mayores.